Bienvenidos

"Las ideas ya están allí, en el colectivo; no hay nada nuevo que decir". Era una (jeje) idea que me costaba trabajo aceptar mas es cierta; aunque creo firmemente que las ideas sí se pueden decir de distinta manera, por medio de otro prisma que nos ayude a maravillarnos aún con esto que llamamos realidad.

El blog, pues, tiene ese propósito: dejar vagar el pensamiento y conectar lo inconectable.

¡Bienvenidos!

miércoles 18 de enero de 2012

Pablo, parte 1

Las palabras son como un vendaval, incontrolables, sobre todo si provienen de un muerto. Golpean mi ser de tal forma que me es imposible controlar el escalofrío que se apodera de mí. Cada trazo, cada curva, cada recta era todo él; imposible comprender cómo es que no capté su locura, sus intenciones. Bastaba con ver esa escritura apretujada, tan pequeña y nerviosa para saber que estaba ante una carta desesperada y a la vez resignada.

Ya son seis meses de esa última misiva y cinco de su muerte. El asunto que había concluido como un simple accidente automovilístico se abría ahora como lo que realmente era: un juego de duende del que fuimos participes todas sus amistades durante todo el tiempo que lo conocimos. Recuerdo la primera vez que salió el tema, estábamos en el círculo de piedras, después de clase (como siempre), cuando él de la nada sentenció: Mi tío murió a los 27 años, en este día, me quedan sólo cuatro años más. Por supuesto lo acabamos a carcajadas y mentadas de madre; era risible, sin importar cuán cortazariano resultara su argumento, en la vida real era sólo una locura espetada por un exceso de alcohol en alguien que nunca antes lo había probado.

No obstante, era obvio que nuestra amistosa violencia era producto de un miedo a esa mirada medio pérdida y esas palabras tan inocentes, bien pudo estar contándonos qué hizo el día anterior o sus planes para el día de mañana. No había nada de ominoso en su sentencia. Ahora que estoy sentado en esta oficina, pensando en cuántos muertos nos acosan aún, mientras escucho la voz estridente de Jim Morrison y antes de él la potente voz de Joplin y la suave y aguda voz de Lennon, ahora es que me doy cuenta que todos sabíamos que lo que nos había dicho era simple y llana verdad.

martes 13 de diciembre de 2011

viernes 2 de diciembre de 2011

Árbol seráfico


El árbol seráfico es uno con la materia y la antimateria; el camino seráfico sólo puede ser transitado por aquellos que comprenden el vínculo ineludible entre el mundo material y el no material, las acciones que desarrolles en tu cuerpo repercutirán en la cara de debajo de a la vez repercutirá en la cara de arriba y en el cuerpo absoluto de tu ser, en tu alma. Así es y así ha sido desde antes de la creación del hombre: el hombre sólo es el aparato más sofisticado creado por El Shaddai

La escritura como destructora de comunidad o de la Caperuza roja


La caperucita roja es un relato que ha permeado en la mayoría de las culturas occidentales y es uno de los cuentos que más adaptaciones ha tenido a lo largo de la historia: sus vertientes van desde lo erótico hasta lo infantil. El cuento tiene su origen en Europa (expertos en folklore han determinado que específicamente en la Francia del siglo XIV). La caperucita (como se referirá al cuento en adelante) ha sido motivo de diversos estudios, sobre todo de interpretación, ya que, al ser una historia netamente medieval, permite una multiplicidad de lecturas por su ambigüedad.

No obstante, hoy en día, el relato está fijado en texto[1] por lo que las posibles interpretaciones y refuncionalizaciones[2] del mismo se han empobrecido. Así, cuando se menciona el nombre de La caperucita, nuestra mente acude de inmediato a la propuesta fácil de que es un cuento infantil con una clara moraleja de obediencia a las autoridades. Incluso se ha llegado al punto de llamar original el reinterpretar el texto (que es la naturaleza fundamental del cuento).[3]

En este sentido, lo usaré de base para hablar acerca de cómo la escritura, a pesar de que permite la acumulación y expansión de conocimientos, destruye la idea de comunidad (entendiendo ésta como el conjunto de personas que comparten una cosmovisión de la vida) que era sólo posible mediante el uso de mitos y relatos orales que se transmitían de generación en generación. Es por ello que haré una breve reflexión sobre la oralidad y la importancia de ésta a la hora de permitir la multiplicidad de interpretaciones en dicho cuento. Inmediatamente, ahondaré en la interpretación clásica dado su contexto histórico: advertencia de los peligros, literales, de un bosque (recuérdese que las villas medievales estaban rodeadas por él).    

La oralidad entendida como intencionalidad surge en un grupo humano. Este grupo debe contar con características especiales, a saber, y básicamente, dos cosas: la capacidad de generar alimento y de proveerse refugio. Obviamente estoy hablando de ancestros más allá de nuestros abuelos griegos, egipcios, mayas, y etcéteras que contienen a culturas que ya dominaban un cierto grado de escritura. Este grupo humano, al poder satisfacer estas dos necesidades primarias evolucionó y tendió a explicar su entorno; de allí se derivaron las cosmogonías que explican el porqué de las cosas existentes y las teogonías que explican el cómo. Nace así el mito y con él la cultura. Quienes crearon el mito y la cultura no son, por cierto, aquellos que estaban lo suficientemente ocupados en sobrevivir mediante la agricultura y la caza. El Dr. Julio Amador sugiere, en un ejemplo concreto, que quienes poseen y pasan este conocimiento son los señores del origen, que son un conjunto de ancianos que se encargan de preservar el conocimiento de su grupo; mientras que la Dra. Donají Cuellar, en su ponencia Literatura de tradición oral, los llama “autor-legión”. Es pues un grupo que está más allá de las labores inmediatas de supervivencia, que puede darse al ocio y reflexionar acerca del entorno.

De estas dos premisas: la cultura y los seres que se encargan de crearla y transmitirla es que se origina lo que se llamará oralidad, que no es sino una necesidad de transmisión de conocimientos que tiene su soporte en la memoria, primero en la de quienes crean los mitos y segundo en la de quienes los reciben y transfieren. Es así como poco a poco, a través de los siglos se va conformando una identidad de pertenencia a un grupo y nacen las comunidades. Éstas tienen como base al mito que a la vez tiene su soporte en el ritmo, la repetición, el ritual y sobre todo la transmisión oral.

Ahora bien, la oralidad permite una refuncionalización constante en el mito, es decir, una adaptación constante al cambio de estructuras que se dan dentro de una comunidad, y por tanto mantiene intacta no sólo la memoria en la que se fundó sino que responde a las necesidades cambiantes del entorno. Claro ejemplo de esta necesidad de refuncionalización la observamos en mucho del folklore medieval que tiene como fin unificar un grupo bajo una serie de preceptos y doctrinas establecidas por sus mitos. Un ejemplo clásico seria, precisamente, el cuento de La Caperucita. En la Edad Media este relato tenía un sinnúmero de connotaciones además de la clásica. Entre las más interesantes tenemos dos: un cuento que habla acerca de las estaciones del año, representadas por el sol y la oscuridad del invierno, donde el sol es la chica de la caperuza roja y el invierno es el lobo; y la otra que ve al cuento como un rito de paso de la niñez a la edad adulta (con claras connotaciones eróticas). Pero como dije anteriormente, me enfocaré en la interpretación contextual más aceptada: era utilizado para advertir a los niños del peligro en los bosques circundantes de los pueblos; en este sentido, es un cuento literal que tiene como propósito fomentar un terror ya de por sí nato al medio ambiente que representa los oscuros bosques que bordean las villas de la Europea medieval. La función del cuento en este sentido tiene como fin crear, por un lado, la idea de seguridad dentro de la comuna, y por el otro el respetar a las figuras de autoridad. Esta interpretación es la que, pobremente, se ha mantenido en forma de moraleja sin ningún valor ya que hoy en día la comunidad se reduce a escasos miembros que conforman un núcleo familiar. La pobre refuncionalización de dicha interpretación tiene que ver mucho con la idea de un texto fijado, ya que no permite adecuarse a las necesidades estructurales de la sociedad donde se desenvuelven hoy en día los individuos.

Así, cuando el cuento se fija, esta refuncionalización se pierde y lo que nos llega a los lectores del siglo XXI no es más que un cuento de niños para pasar el rato. Si esta refuncionalización se rompe, ¿no acaso se rompe también la idea de comunidad? ¿No, también, se destruye la memoria? Ricardo Piglia decía que contar era una forma de borrar y creo que es correcto pero en el contexto adecuado: el escrito. La doctora Leticia Flores Farfán, en su ponencia “Políticas de la memoria”, proponía una tesis interesante acerca de la memoria: ésta se construye en el dolor. Y es verdad, se puede apreciar un discurso del dolor en la construcción de cualquier mito oral. Un dolor que nos viene de la aparente soledad en este universo tan vasto, soledad en gran mediad creada al auto marginarnos de nuestro entorno y considerarnos únicos en este planeta.

Pero este dolor, esta transmisión de la memoria, se pierde al plasmarse por escrito, ya que a pesar de contar con el mensaje no contamos con la interpretación que acarrea la transmisión oral. Por tanto, al no haber una interacción humana que posibilite la práctica de la memoria se crea un círculo vicioso escritural (por llamarlo de alguna forma) que poco a poco va destruyendo a la idea de comunidad.


[1] El primer recopilador en fijarlo textualmente fue el autor francés Charles Perrault, quien por cierto le dio el color rojo a la caperuza de la joven.
[2] Para reflexiones sobre refuncionalización léase “La refuncionalización del héroe trágico en Batman” de Omar Cárdenas, Inédito.
[3] Para referencias revise “La chica de la capa roja” (Red riding Hood, 2010), “En compañía de lobos” (The company of wolves, 1984), entre muchos otros productos que tienen como fin deconstruir el cuento atrapado por los hermanos Grimm y rescatar esa esencia de oralidad llamada refuncionalización.

lunes 1 de agosto de 2011

Recuerdo de...los recuerdos

Los días resbalan como agua por los dedos; es imposible asirlos. Aún peor, los recuerdos se van con ellos; tanto las tardes cálidas (donde convivía con unos amigos: jugando fútbol primero, viendo películas, platicando de lo que fuera, jugando a ser una banda de rock consagrada y tomando alcohol más tarde) como los días donde la familia estaba completa, en armonía (aunque en silencio), comienzan a desdibujarse. Quedan trozos que atesoro y, con manos como garras, estrujo antes de que se disuelvan.
En esos días conocí lo que era la amistad, la empatía, el silencio cómodo; no hacíamos más nada que disfrutarnos los unos a los otros. Pero el tiempo es un perro rabioso, inmisericorde; si confías de más, si crees que puedes ser su amigo y le extiendes una mano que busca calmar su fiebre, puedes quedar con un jirón sanguinolento.
El tiempo es un enemigo formidable, te arrebata todo aquello que creías sólido; en un abrir y cerrar de ojos estás hecho un ser alienado que se mueve por la vida tratando de sobrevivir a su ritmo.
A pesar de ello, o por ello mismo incluso, los desdibujados recuerdos te hacen seguir, porque ellos te han forjado y te han vuelto la persona que hoy eres, porque ellos son el escudo y la espada necesarios para no claudicar en la vida. Son el motor que te incitan en días nublados, cuando no quieres más que tirar la toalla; te levantan en hombros cuando te topas con una pared que parece infranqueable.

jueves 21 de julio de 2011

Cine


¿El cine está muriendo? Sí, al menos el cine que nos brinda Hollywood; es una industria que apuesta a actores consagrados y a sagas establecidas, como lo muestra la octava película de Harry Potter, la tercera de Transformers y, ni que decir, de la quinta ¿o sexta? de Rápido y furioso. El proyecto de ensueño que surgió en los años 40´s: un mundo dedicado al séptimo arte ha sido vendido a conglomerados que basan la viabilidad de un proyecto en números: ¿cuán mucho puedo sacar mientras menos dinero invierta? 

Para nadie es novedad que las ideas en torno a las que gira todo arte son básicamente tres: Amor, muerte y locura (Como bien ya lo estableció Quiroga en el siglo pasado). No se le pide a una industria como la de Hollywood que invente “nuevas historias”; se le pide un poco de decencia, amor y compromiso hacia las producciones que le brindan al consumidor, es verdad que los denominados blockbusters son la llama que alimenta a la industria; pero no es posible que del total de filmes producidos últimamente apenas el 10 % pueda considerarse de calidad. Sí, bien podrán espetar que hay calidad en las producciones: los efectos visuales en 3d, el manejo de gráficos computarizados, sonido cuadrafónico o Dolby HD surround, etc.,etc. Pero eso es sólo un adorno, es parte del set, el escenario puede ser tan impresionante como gusten; mas si no hay una historia que sustente el uso absurdo de estas tecnologías sólo nos quedan películas de fácil consumo (Te estoy viendo Cameron y Lucas).

martes 19 de julio de 2011

Recuerdo de... Mis días de pinta


Recuerdo cuando me daba el lujo de conocer al pueblo de las once de la mañana. En esos días de pinta el centro era otro mundo. Nada de hombres y mujeres que corrieran presurosos a tomar su transporte, con ese rictus de no me jodas en el rostro. Nada de bocinazos y festejos a las madres por parte de los autos que, a vuelta de rueda, llevaban a sus dueños a descansar. Nada. En esos días me dedicaba a errar por las calles y observar a la gente; esa gente parecía libre. Es decir, sus pasos eran lentos y sin dirección; o a menos así me lo parecía. De hecho pensaba que todos ellos eran como yo, simplemente se habían escapado de una vida llena de límites para errar en la atemporalidad de la mañana. Libres.

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